La Argentina Gourmet

Sergio Rodríguez, emprendedor con sed de aventura


30 de mayo de 2016

Textos y Fotos: Daniel Vega

Viñedos de Nant y Fall, en Chubut, un emprendimiento que hace historia.

Con Víctor Yáñez secretario de Turismo de Trevelin preparando detalles de la Vendimia
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Textos y Fotos: Daniel Vega

Cuando Sergio terminó el secundario quiso inscribirse para estudiar Ingeniería en la UBA. Se encaminó inocentemente hasta la facultad de esa carrera y ahí se enteró de que para inscribirse debía cursar el CBC y que la sede de cursada sería por sorteo. Sede Drago, leyó sin comprender, al lado de su nombre semanas después. Sacó las cuentas de cuánto tiempo y dinero invertiría en viajar durante un año a hacer el Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires. No había terminado de sumar cuando ya había decidido que atravesar la ciudad tres veces por semana para luego de aprobar seis materias tener derecho a estudiar Ingeniería era una pérdida de tiempo que no estaba dispuesto a soportar. De manera que armó el bolso y se fue a Mar del Plata a pensar. La casa de los abuelos, en el puerto, estaba deshabitada y allí encontró el sitio ideal para imaginarse una vida sin la Ingeniería.

Lo que me decidió a quedarme en Mar del Plata fue que a las pocas semanas, mi abuela decidió seguirme en la aventura. Siempre fue muy familiero y su compañía me animó a quedarme y a intentar mi vida allí. Soy una persona a la que le gusta emprender, pensar en proyectos, evaluar posibilidades, llevar a cabo, construir y poner en marcha. No sé si disfruto tanto cuando ya el proyecto está encaminado. Me genera adrenalina crear y proyectar. En general cuando todo está encaminado empiezo a pensar en el próximo emprendimiento.

 

Algo más de veinte años después, Sergio Rodríguez había construido en medio del bosque Peralta Ramos un lugar de ensueño para vivir y también para recibir a aquellos turistas que llegaban en búsqueda de descanso fuera del circuito comercial del centro de la ciudad.

 

Cuando compré el terreno en Peralta Ramos era impenetrable. Y fue un desafío construir sin dañar lo natural del lugar. Pero no puedo pensar las cosas de otra manera, no hay para mí nada más importante que un árbol. Soy capaz de dejar de lado un plan importante si eso implica dañar o quitar un árbol.

 

En el medio del frustrado CBC  y  la mansión de Mar del Plata pasó mucho agua bajo el  puente. Sergio recuerda como aprendizaje permanente todas las etapas que lo fueron llevando a cumplir con sus sueños. También las personas han sido importantes en esto de acompañarlo en planes que podían parecer, al principio, descabellados.  Su profesión finalmente fue la de cheff y quiso el destino el pianista Bruno Gelber probara su cocina y lo contratara. Eso le abrió las puertas al éxito.

 

Siempre seré un agradecido a la gran persona que es Bruno Gelber y también a las oportunidades que se me dieron al trabajar a su lado. Es importante que uno esté atento a lo que se propone llevar adelante, esa es la manera en que uno terminará en el lugar que tiene que estar y frente a las oportunidades que se le tienen que dar.

 

Con toda una vida hecha, con cosas buenas y malas en el camino, un día, Sergio decidió mudarse con su familia al sur en busca de otro proyecto.

 

De Mar del Plata a Trevelin

 

En unas vacaciones para esquiar, la capacidad hotelera de Bariloche estaba repleta y entonces alguien le recomendó a Sergio que probara suerte en La Hoya, el centro de esquí cerca de Esquel. Así fue como por casualidad llegó a la Comarca de los Alerces y empezó a conocer la zona y a pensar en la idea de instalarse.

 

Conseguimos  este terreno de cuatro hectáreas junto al río Nant y Fall a pocos kilómetros del paso a Chile, -dice parado sobre la loma donde hoy crece uno de los viñedos más australes del mundo-. Por supuesto que también era un terreno impenetrable por la rosa mosqueta.  Por suerte mi hijo y mis padres se suman a mi aventura. Sin ellos y sin la gente con la que trabajo nada de esto hubiera sido posible.

 

Sergio y su familia convirtieron esa tierra que todos decían que era inservible en la hermosa chacra Viñedos de Nant y Fall. Además de la uva para fabricar Pinot Noir, aprovecharon el río y armaron un lugar para la cría de trucha, -el especialista en el tema es Emanuel, el hijo de Sergio, que estudió piscicultura en Mar del Plata-,  siempre respetando en entorno y lo que manda la Naturaleza.. El agua que se toma del río para el estanque que habitan las truchas, se devuelve al mismo río. La casa que funciona como vivienda y los lugares de uso común con el turismo se construyeron con materiales y diseños típicos de la zona, como los que usaban los antiguos colonos de estas tierras.

 

Y por si fuera poco...

 

Al volver de un viaje que hicimos en motorhome por Italia, comenzamos a ver cosas que antes no veíamos. Descubrimos que llegan anualmente a esta zona gran cantidad de turistas en motorhome y nos empezamos a preguntar “¿de dónde obtiene esta gente el agua para cocinar, bañarse y de qué manera se deshace de sus residuos?”. Los veíamos pasar días en la Petrobras o en la plaza de Trevelin o en el estacionamiento del supermercado y arreglárselas como podían con esos temas. Fue entonces que decidimos armar esto que ves acá, un estacionamiento para motorhome de 8 plazas. Comenzamos a brindar este servicio y se convirtió en un éxito. Hemos sido premiados por las revistas especializadas como el mejor estacionamiento para motorhome de Sudamérica. Un orgullo para nosotros.

 

Viñedos de Nant y Fall  no sólo admite turistas de paso, sino que ya se hecho una costumbre en la región que los habitantes de pueblos cercanos como Trevelin o la ciudad de Esquel, lleguen a pasar el día o la tarde. Algunos hasta se animan a la pesca de trucha y otros disfrutan del mate a orillas del agua en un entorno que invita a volver.

 

La única condición que tenemos es que todos podamos disfrutar de los sonidos de la Naturaleza tal y como está. Aunque suene mal, siempre digo que este no es el camping del auto abierto con el estéreo a todo lo que da. Sino que quien viene de visita puede disfrutar de la tranquilidad visual y sonora que el lugar ofrece.

 

La frutilla del postre

 

El viñedo que se construyó en la loma del predio y domina toda la vista hacia la cordillera de Los Andes, en 2016 ofreció la posibilidad de vinificación y fue así que el 17 de abril de este año, la familia Rodríguez, con el apoyo de las intendencias locales, del gobierno provincial y de otros emprendimientos de la zona organizaron la primera vendimia de Trevelin, en uno de los viñedos más australes del mundo. Este viñedo se encuentra en una zona del país donde las temperatura bajo cero son extremas. Con la asistencia del INTA local y técnicos especializados se desarrolló un sistema antiheladas que consiste en unos detectores de temperatura en el suelo. Cuando suena la alarma -sea la hora que sea- quien está de guardia se levanta y pone en funcionamiento el protector que simplemente moja la planta totalmente, el agua se congela y de esa manera la planta queda resguardada a 0 grado, que es la temperatura que resiste. Cuando las temperaturas ambiente comienza a subir el hielo se va y la planta queda fresca y verde como una lechuga. Parece magia pero no lo es.  

La primera vendimia de Trevelin es el premio al esfuerzo de cuatro años de cuidar cada una de las plantas de Pinot Noir, de levantarnos de madrugada para activar el sistema antiheladas que de no existir podría acabar con todas las plantas. Realizamos la primera vendimia y estamos en proceso de la realización de nuestro primer vino. Tuvimos el honor de contar con la presencia de Mario Das Neves, gobernador del Chubut, a quien hace algo más de cuatro años le prometí que estaría presente como gobernador en la primera vendimia. En ese momento, me miró un poco escéptico, pero el tiempo me dio la razón y aquí estamos.

 

-¿Todavía te entusiasma el proyecto, o ya estás pensando en el próximo?

-Hoy te puedo decir que todavía me entusiasma y que estoy muy orgulloso de lo que logramos. Pero no sé, quizá mañana ya empiece a pensar en algo nuevo. Por suerte mi familia está siempre de acuerdo conmigo y sé que cuento con ellos.

 

Maura y Rodolfo, los padres de Sergio Rodríguez, asienten con una sonrisa. Mientras a lo lejos se ve a Emanuel conduciendo el tractor con el que día a dia controla el viñedo. 


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